4/03/2026
Ilustración realizada con el apoyo de la IA Gemini
La primera sensación al entrar al Panóptico de Ibagué no es la de un museo, sino la de un eco. Los muros parecen susurrar historias de encierro, como si la memoria no hubiera querido marcharse del todo. Allí, donde hoy los niños corren entre salas y murales, antes hubo rejas, gritos y soledad.
“Este lugar fue cárcel, fue dolor, fue silencio”, dice el mediador del área educativa del museo, Jaime Montenegro, mientras señala el centro del edificio cruciforme, desde donde todo podía ser vigilado. “Aquí estuvieron recluidas entre 800 y 1.000 personas. Era el reflejo de una época en la que se pensaba que vigilar era la forma de transformar al ser humano”.
El edificio comenzó a levantarse en 1892, siguiendo el modelo del panóptico propuesto por el filósofo inglés Jeremy Bentham. Se trata de una arquitectura concebida para ejercer vigilancia y castigo a partir de la mirada desde un solo punto. En 1905 llegaron los primeros reclusos y funcionó como prisión hasta 2003, durante 98 años. Durante este período, recibió distintos nombres que reflejaban la época, tales como Prisión Departamental, Penitenciaría Nacional y Cárcel del Distrito Judicial.
En 1987 fue declarado Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación; en 1997, Monumento Nacional; y en 2003, al dejar de funcionar como lugar de reclusión, pasó a ser Bien de Interés Cultural de carácter nacional. A partir de ese año comenzó un lento proceso de resignificación: de presidio a espacio cultural, de encierro a creación y libertad.
“Durante 14 años fue símbolo de olvido”, recuerda Montenegro. “Era doloroso ver cómo un edificio con tanta importancia patrimonial se convertía en un sitio de consumo. La gente lo veía como un sitio peligroso, pero nadie asumía la responsabilidad de rescatarlo”.



El rescate se consolidó en 2017 con los trabajos de restauración, y el 31 de marzo de 2022 abrió oficialmente sus puertas como Museo Panóptico de Ibagué y centro cultural. Desde entonces, más de 100.000 visitantes han recorrido sus 65 celdas expositivas. En ellas se narran la historia del Tolima: su riqueza natural, sus tradiciones culturales, los conflictos que lo marcaron y las resistencias que lo han sostenido.
Caminar por el Panóptico es también emprender un viaje dentro del mapa del Tolima. Cada ala del museo apunta hacia un punto cardinal: norte, sur, occidente y oriente, y en su disposición se refleja la manera en que se ubican los municipios del departamento. No es casualidad: el edificio se convirtió en una brújula simbólica que orienta al visitante por el territorio. En cada corredor, las celdas guardan historias distintas y los colores en sus puertas advierten qué se encontrará adentro: unas hablan de reivindicación social y política, otras de fiestas y religiosidad, de expresiones artísticas, de pensamiento político o de los saberes y oficios que han dado forma a la región.
Al recorrer sus salas, entendemos que no es necesario ir a Chaparral, Planadas, Natagaima u otros municipios del departamento para empezar a conocerlos; basta con entrar a una celda y dejarnos guiar por lo que allí se expone. En el Panóptico podemos vivir la experiencia de recorrer el departamento que nos vio crecer sin salir de la ciudad, y eso es algo distinto, un viaje simbólico que invita a descubrir lo propio desde un solo lugar.
“Este no es un museo de lo bonito”, advierte Montenegro. “Aquí no se viene solo a ver lechona, folclor y fiestas. Aquí también se habla de los travestis asesinados en Chaparral, de la resistencia indígena, de los conflictos que marcaron a nuestras comunidades. El museo incomoda, provoca preguntas y eso es lo que lo hace importante”.
Hoy, el antiguo penal que durante casi un siglo fue símbolo de castigo es ahora un escenario de reflexión. Sus celdas, antes grises y cerradas, son espacios coloridos de memoria que invitan a los jóvenes a pensar distinto. Como lo resume Montenegro: “El museo ahora es un lugar para que reflexionemos sobre nuestras identidades y raíces, conocer de dónde venimos, quiénes somos y cómo podemos mejorar como sociedad”.
Nota: Las citas presentadas en esta crónica provienen de una entrevista realizada durante un recorrido guiado por el panóptico, a cargo de Jaime Montenegro, mediador del área educativa del museo.
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