Con una historia basada en la obra homónima de Freida McFadden, La empleada es un filme pensado claramente para un público adolescente, que apuesta por un suspenso elaborado a partir de secretos familiares y giros narrativos. No es una obra que busca ser ni sutil ni arriesgada dentro del género. Maneja los códigos y patrones reconocibles del clásico thriller doméstico, con el fin de formular una experiencia diseñada para enganchar más que para incomodar e impactar al público. A pesar de poseer elementos destacables, sobre todo a nivel visual, el resultado sigue siendo un cliché comercial con un guion pobre.
La historia nos presenta a Millie, una joven con un pasado misterioso y problemático que consigue trabajo como empleada dentro de la casa de una familia adinerada. En las primeras escenas todo parece correcto, ordenado, incluso perfecto; sin embargo, pronto empiezan a aparecer indicios de una distorsión de aquella ilusión. Estas primeras tensiones se sienten reales gracias a los silencios incómodos, el uso de planos cerrados y encuadres específicos que plantean la idea de encierro y vigilancia.
Aunque el trabajo de planimetría, color y de cámara es destacable, el hilo narrativo de La empleada se cimenta demasiado en fórmulas previsibles. El plot twist principal se logra ver a kilómetros, y aunque logra el cometido de mantenerte centrado en lo que está sucediendo, no sorprende ni expone algo nuevo. A pesar de que la historia trata de mostrar personajes complejos con entramados diversos, la verdad es que al final de la cinta se revela lo planos que son. Perfiles arquetípicos, funcionales y poco entrañables son elementos característicos que nos confirman que, en efecto, este es un contenido destinado a un adolescente hormonal, sediento de dopamina visual.
El final es el instante donde la calidad de la imagen no es suficiente para solventar la pobreza del guion. Lo que se supone que es el clímax, el punto álgido de la historia, termina siendo un momento extraño, forzado y prácticamente externo a la lógica emocional que venía construyendo. Las decisiones de los personajes parecen responder más a la necesidad de cerrar de manera “impactante”, que a un desarrollo real de cada uno de los conflictos. Es sorprendente, no en el buen sentido, que lo más memorable de la película sea su inefable final.
En conclusión, La empleada genera una atmósfera incómoda a través de recursos visuales interesantes y algunas actuaciones destacables. Pero falla enormemente en sostener una narrativa coherente hasta el final. Está bien como un entretenimiento atrapante, especialmente para público juvenil, pero los agujeros de guion, la cantidad de absurdos presentes en el final y su poco riesgo condenan a esta producción a ser simplemente un suspenso correcto y olvidable.